Todo lo que entregás sin darte cuenta al entrar a cualquier sitio: tus direcciones IPv4 e IPv6, la ubicación y el proveedor que dos bases de datos distintas les asignan, y lo que tu navegador cuenta de sí mismo sin que se lo pidan.
Son las direcciones que ve cualquier servidor al que te conectás. Si sólo aparece una, tu red no tiene la otra habilitada: la mayoría de las conexiones caseras todavía son sólo IPv4, y cuando hay ambas el navegador suele preferir IPv6.
La ubicación no sale de tu GPS ni de un permiso: sale de bases de datos que asocian rangos de direcciones con lugares. Datos de ipwho.is.
La misma dirección, según otra base de datos (ipinfo.io). Compararlas es la forma más directa de ver por qué la geolocalización por IP es aproximada: no hay un registro autoritativo de dónde está una IP, sino estimaciones que cada proveedor arma por su cuenta — y que a menudo no coinciden.
Nada de esto requiere permisos ni cookies: tu navegador lo entrega solo. Cada dato de por sí es inocuo, pero combinados alcanzan para armar una huella que te identifica entre millones. Eso es fingerprinting, y por eso bloquear cookies no basta.